Martina Palominos

Como en un Arcoíris

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La inquietud creativa, las ganas de aprender, la necesidad de experimentar, la transformación de los materiales, la obra terminada y volver a empezar. El camino creativo es muchas veces así: un imparable flujo de energía, entusiasmo y color. A veces nos encontramos con el oficio que amamos en los lugares más inesperados, no lo soltamos y transitamos en él, como en un arcoíris. Esta es la historia de Martina y su oficio.


¿Cómo te encontraste con el textil?

Soy diseñadora, pero antes de estudiar diseño, entré a estudiar Ingeniería Comercial y fue un fracaso. No tanto en lo académico, sino en lo emocional. Sentía que estaba aprendiendo cosas de memoria y necesitaba desarrollar mi parte creativa. Recuerdo que lo que más me gustó de la carrera fue cuando nos tocó inventar el modelo de negocio de un emprendimiento. Con mis compañeros hicimos uno de guateros de semilla, y yo me dediqué a coserlos. Ese fue el primer encuentro con el textil y ahí empezó el cuestionamiento de si debía seguir o no en Ingeniería Comercial. Hablé con amigos y me di cuenta de que toda mi vida había estado mucho más feliz y más cerca de lo manual, de lo artístico, más cerca de la danza y del teatro. Con todo lo que tenía que ver con la expresión. Entré a estudiar Diseño en la Universidad Católica. En tercer año, tomé un ramo de textil que se llama Del plano al volumen, ahí recién me di cuenta que ese era mi camino: el textil y la relación con el cuerpo. Además, en ese momento, en la casa de mi abuelo, me encontré con la máquina de coser de mi tía bisabuela, ella era modista y yo no tenía idea. Fue muy hermoso encontrarme con esa máquina y descubrir todo lo que venía en ella: tenía unos cajoncitos llenos de hilos, agujas, accesorios, tijeras antiguas y pesadas, y muchos insumos de la industria textil chilena que hoy ya no existen, sentía que estaba como poseída por esa tía, porque se me dio muy fácil entender los patrones y los moldes. Después de eso empecé a tomar todos los ramos de textil en la Universidad.

¿Por qué empezaste a crear tus propias telas?

Empecé a crear telas en mi proyecto de título y me di cuenta que la serigrafía me podía dar un mundo gigante de posibilidades, porque es una técnica muy versátil, fácil de aplicar y de replicar. Creé la marca Moü, con la diseñadora Magdalena Larraín. Juntas llegamos a tres patrones, con los que pudimos darle identidad propia a nuestras telas. Nos pasaba que la oferta nacional no es muy variada, es difícil encontrar patrones bonitos y las fábricas nacionales de telas están casi extintas y ya no hay saldos. Además, pensar en importar estaba fuera de nuestras manos. Como era lo primero que hacíamos después de salir de la Universidad, queríamos hacerlo todo nosotras, para que fuera más abarcable y a la escala que pudiéramos, y con eso darle mayor identidad a nuestras prendas.

Partiste con una paleta de colores sólidos, con formas definidas, y ahora estás experimentando con técnicas con resultados menos precisos y más sueltos como el shibori ¿Cómo ves la evolución de tu trabajo hasta ahora?

Partí con serigrafía, porque era lo que tenía más fresco de la Universidad, pero en el camino me he ido reencontrando con otras técnicas como el shibori y el telar. Me llaman mucho la atención la diversidad de técnicas textiles que hay, cada una es un nueva forma de experimentar, y todas juntas forman parte de mi propio proceso creativo.

Hay colores muy intensos en tus obras, ¿vas probando intuitivamente o tienes alguna técnica o método para hacer combinaciones?

Suelo observar mucho. Observo patrones, dibujos, observo la naturaleza, cómo se comportan los colores dentro de la ciudad. Y estas combinaciones, mientras más intensas, más alegría y más felicidad me dan. Eso es lo que intento proyectar en el vestuario, por eso hay mucha imaginería floral, natural y orgánica en mis patrones, porque me inspira mucho lo que veo día a día. 

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¿Cuáles son tus materiales favoritos para estampar y teñir?

Mis materiales favoritos siempre son las telas naturales: algodón, lino, lona. Porque encuentro que tienen una suavidad que no encuentro en las telas sintéticas. Siempre pienso en cómo se siente la piel cuando uno se pone una camiseta de algodón, en vez de usar una de polar. Esa aproximación nos da una sensación de qué telas son más amables y más delicadas con nuestro cuerpo. Al momento de estampar y teñir las telas naturales se comportan mucho mejor que las sintéticas. Trabajo con anilinas Rit Dye, porque tienen muy buena fijación y los colores son súper intensos. Me gusta teñir en bateas con agua hirviendo, y por eso me resultó muy fácil trabajar con Rit Dye. Además la gama de colores es muy amplia, es superior a cualquier otra y eso me encantó desde el primer momento.

Haces talleres para niños y niñas, ¿cómo ves que ellos se relacionan con el textil?

Tuve la posibilidad de hacer una taller con niñas y fue muy bonito como recepcionaron todo lo que yo les quería entregar. Enseñé dos técnicas de shibori, y después ellas tenían que teñir su propia polera de algodón. Estaban muy curiosas y dispuestas a aprender, querían interactuar con todos los materiales que llevé. Lo mejor de todo fue cuando abrimos los teñidos, porque quedaron muy maravilladas y sorprendidas con los resultados.

¿Cómo nutres tu creatividad? ¿Qué otras cosas te gusta hacer para que las ideas e imágenes lleguen a ti?

Me encanta observar las cosas chiquitas, los colores en la ciudad, las interacciones entre las personas, observarlo todo. Me nutre mucho y me acerca a la creación y a la búsqueda de nuevas ideas. La experimentación también es clave en el proceso, porque siempre hay que probar, contrastar, buscar nuevas paletas de colores. Gracias a Pinterest, hoy tenemos mucha información disponible para usar como punto de partida y desde ahí crear algo propio. También me gusta rodearme de gente creativa. Tengo la suerte de tener mi espacio de trabajo en el Taller León, en el que comparto con distintos artistas y diseñadores, eso nos potencia y abre la mirada a conocer lo que está haciendo otras personas. Siento que compartir nuestros procesos es súper enriquecedor. Además, me encantan otras formas de arte como el teatro y la danza. Desde chica participé en espacios artísticos y tengo muy viva esta relación del textil y otras disciplinas. He podido colaborar en el vestuario de distintas obras. Eso también ha enriquecido mi creatividad para poder desarrollar mi propia identidad.

¿Crees que es importante acercar a las personas al mundo textil? ¿Por qué?

Es demasiado importante que las personas tengan nociones básicas del textil para habitar el mundo. Entendiendo el textil como la primera capa, la que nos relaciona con el exterior porque la piel es nuestro órgano más grande. Hay un libro que se llama El cuerpo diseñado, es de Andrea Saltzman, en el que habla mucho de la relación entre nuestro organismo y el textil, y de cómo el textil es capaz de influir en nosotros, entregándonos sensaciones, o cambiando posturas, puede delimitar el cuerpo o acoger, nos puede causar incomodidad y restringir, o todo lo contrario no permite expresar con libertad. También me parece súper importante el volver al oficio. Es bonito encontrarse con gente en el camino y darse cuenta que la creación va cobrando un nuevo valor. Volver al hacer, a la interacción con los materiales, y ser más conscientes al momento de elegir.

En una época en que los textiles se han convertido en un tipo de desecho, ¿cuál crees tú que debería ser nuestra relación con ellos para tener un trato más armonioso y menos invasivo para el medio ambiente?

Creo que es muy importante educar a la gente en este tema, porque a través de eso podemos generar un cambio. Así las personas pueden informarse sobre lo que están consumiendo, sobre la calidad de lo que compran. Muchas veces las empresas ocultan información a los consumidores porque sus procesos son muy dañinos. Yo siempre al diseñar me preocupo de crear prendas que sean de buena calidad, que perduren en el tiempo y de usar telas lo más naturales posibles. En el caso de mis estampados y teñidos, me preocupo de usar un mínimo de agua. También creo que es muy importante consumir local y darle prioridad a la industria nacional, ya que hay mucha gente que está creando en Chile, con buenos diseños y de muy buena calidad.

¿Qué nueva técnica te gustaría aprender?

Hay dos técnicas que me gustaría retomar y profundizar: la cerámica y el tejido. En la Universidad tuve un primer acercamiento a la cerámica, pero ahora me gustaría aprender a tornear. Y con el tejido me gustaría profundizar más, sé algunos puntos básicos de crochet y palillos, pero creo que me serviría mucho explorar estas técnicas porque con eso puedo experimentar más y complementar lo que ya vengo haciendo.

 Instagram: @moustudio



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